¿Por qué debemos optar por la sostenibilidad y la eficiencia energética?

Debemos pensar sobre el uso que hacemos de la energía y cómo actuamos en consecuencia.
La sostenibilidad y eficiencia energética pueden ser consideradas como políticas de freno para el cambio climático; y aunque éstas buscan simplemente hacer más con menos, a los habitantes de este planeta y las industrias les cuesta poner en marcha las actividades necesarias para reducir el impacto en el medio ambiente.
Los viejos modelos de desarrollo tienen grandes impactos, ya que buscan maximizar las ganancias y sólo se considera el capital financiero, no se valora el desarrollo social y se explotan de manera irracional los recursos naturales; trayendo como consecuencia el agotamiento de los mismos, contaminación, destrucción de ecosistemas y pérdida de biodiversidad.
El desarrollo y promoción de las energías renovables, así como una política de transporte menos agresiva, van de la mano como prácticas para lograr un equilibrio.

¿Cómo impulsar la sostenibilidad y eficiencia energética?

Este equilibrio viene dado por la sostenibilidad ambiental, económica y social.

La sostenibilidad económica es un término utilizado para identificar estrategias con las que se puedan aprovechar los recursos disponibles de manera eficiente y responsable; así mismo, incluye actividades de capacidad productiva, generación de capital financiero, mantenimiento y creación de nuevos empleos, y por último mejora en los ingresos.

La sostenibilidad social va de la mano con el aumento de la calidad de vida de los habitantes, respeto a los valores y tradiciones, generación de capital social, percepción y evaluación de los resultados.

La sostenibilidad ambiental está orientada al valor y respeto del capital natural, la conservación de ecosistemas, recursos naturales y servicios ambientales. “El desarrollo sustentable es el que satisface las necesidades del presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades” (Brundtland, 1986).

Algunas prácticas ambientales sostenibles son:

Gestión de instalaciones: Dispositivos de ahorro de agua cómo inodoros de bajo flujo y aireadores en los accesorios de lavado, maximizar la eficiencia energética en iluminación, calefacción y refrigeración. Aplicación de técnicas de construcción ecológica para el desarrollo del mantenimiento y renovación.

Paisajismo: corresponde a la construcción de edificaciones en áreas destinadas a tal fin sin obstruir los pasos de agua. Utilización de cuencas de retención de agua para fines de riego o producción de energía renovable.

Fabricación de sistemas de medición de eficiencia energética y agua. Prácticas de prevención de contaminación en los diferentes procesos de industrialización. Inclusión de la reutilización y reciclaje de materiales.

Los límites de los recursos naturales sugieren tres reglas básicas en relación con los ritmos de desarrollo sostenible.

  1. Ritmo de generación.
  2. Ritmo de reciclado o neutralizado.
  3. Los recursos naturales no renovables no deben aprovecharse a mayor velocidad teniendo en mente la sustitución por un recurso natural renovable.

¿La sostenibilidad y eficiencia energética deben funcionar en conjunto?

Una vez conocidos los tres pilares fundamentales de la sostenibilidad, la eficiencia energética debe llevarse a cabo en concordancia con estos. Esto quiere decir que los instrumentos financieros innovadores deben ir de la mano con la construcción apropiada de infraestructuras que se desarrollen con miras al mayor ahorro y rendimiento, especialmente a las que están por ejecutarse.

Los enfoques deben estar orientados a la correcta planificación del sitio y paisajismo, cubierta de las estructuras (cimientos, paredes y techos); sistema mecánico para el calentamiento de agua y bombeo; sistema eléctrico de iluminación y controles.

¿Por qué las edificaciones deben ser energéticamente eficientes?

La mayoría de los edificios o construcciones consumen mayor cantidad de energía y no aprovechan las ventajas que ofrecen las energías renovables.

El futuro desarrollo de las ciudades requiere edificios totalmente sostenibles y que cumplan con un alto nivel de eficiencia energética.

En el continente europeo entre el 70% y el 90% de los edificios son energéticamente ineficientes y si no se toman medidas para que su calificación mejore, la Agencia Internacional de Energía estima que la demanda mundial pueda aumentar en un 50% antes de 2050.

En España, los edificios son los responsables del 31% del consumo de energía. Una realidad que afecta directamente al bolsillo de los españoles, porque la eficiencia energética está vinculada al ahorro en el consumo.

La clasificación más alta “A”, implica gastar hasta 10 veces menos que la “G”, y actualmente la mayoría de los edificios en España tienen una calificación E, F o G.

El 66% del consumo de energía se utiliza principalmente para la calefacción, refrigeración y ventilación.

Las buenas prácticas sostenibles y la tecnología pueden construir ciudades más eficientes.

Esto podría significar la estabilización del consumo de energía. La Unión Europea ha marcado el año 2020 como decisivo para que sus países miembros presenten regulaciones que determinen nuevos criterios en relación a las normativas para la eficiencia energética.

Los edificios nuevos deben tener un total de autosuficiencia en materia de energía, es decir, el flujo producido y el consumido deben coincidir, de manera que su resultado sea nulo. Y, los edificios  existentes, deberán fijar objetivos de reducción de emisiones y de energía.

Estas tendencias hacen que las normativas nacionales en materia de eficiencia energética sean cada vez más estrictas o se vayan incorporando nuevas medidas que penalicen aquellos que no cumplen con lo establecido.

Estas acciones obligan a los profesionales del área y proyectistas a adaptarse a lo que el mercado va a demandar y a las regulaciones sostenibles.

Además, no se puede negar que a pesar de ejercer una presión normativa se le suma la concienciación en sus proyectos y se diferencian de los demás, porque no solamente resuelven temas de habitabilidad sino que obtienen reconocimiento porque se certifica y verifica la sostenibilidad que han desarrollado.

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